La espiritualidad en lo simple: Cómo encontrar a Jesús en medio de tu día.

Una mirada cercana y cálida para sentir la fe en medio de la rutina.
Cuando hablamos de espiritualidad, muchos imaginan silencio absoluto unidos a experiencias extraordinarias. Pero Jesús no se esconde en lugares inaccesibles. Al contrario se revela en lo más cotidiano, en esos momentos que parecen insignificantes y que, sin embargo, van sostenido tu vida.

La verdad es que no necesitas apartarte del mundo para sentirte cerca de Él. Basta con abrir los ojos y reconocerlo en lo simple: Él está en la risa espontánea de un ser querido, en el abrazo que te calma después de un día difícil, en la paciencia que sacas de donde creías no tener. Está en tu respiración al despertar, en un café que disfrutas sin apuro, en la mirada atenta a alguien que necesita ser escuchado y un largo etcétera.

La fe en la rutina
Encontrar a Jesús no es complicarse con rituales interminables, sino dejar que tu vida se vuelva un diálogo constante. Cuando lo reconoces en lo ordinario, incluso tu rutina más simple se transforma en oración.

Y aquí viene lo más hermoso: cuando lo practicas, empiezas a vivir con más ligereza. Lo que antes era tedio se vuelve oportunidad, lo que parecía una carga se convierte en un aprendizaje. Tu día ya no se siente igual porque sabes que no lo estás viviendo sola.
Descubrirlo en lo simple también contagia a los demás. Cuando alguien nota tu paz, tu sonrisa o tu forma distinta de reaccionar, se preguntan de dónde viene esa fuerza. Y esa es una manera silenciosa pero poderosa de mostrar que Jesús camina contigo.
Al final, no se trata de añadir más cosas a tu vida, sino de vivir lo que ya tienes con más amor. Y créeme, cuando lo haces, cada día vas creando el hábito y tu músculo espiritual empieza a crecer se siente más ligero.

La espiritualidad no es complicada porque Dios nos ayuda a hacerlo simple.
Él quiere que tú quieras para que puedas dejar que entre en tu vida y te acompañe.
Dios no te quita nada, te pone, te suma. Es un regalo que se esconde en lo simple: un respiro, un gesto, un encuentro. Hoy abre los ojos y deja que Jesús ilumine tu día de la manera más sencilla.

No necesitas buscar en lo extraordinario: La espiritualidad ya está aquí, en la voz interior que te habla o a veces te susurra.

La espiritualidad no es un esfuerzo, es un regalo. Está en cada detalle de tu día. Solo necesitas abrir el corazón y dejar que Jesús se haga presente de la forma más simple… y más hermosa.

Permite que Jesús sorprenda tu vida justo donde estás hoy.

Tres gestos que lo hacen presente

Pausa: Regálate unos minutos para detener la velocidad del día. La pausa es la puerta de entrada a la presencia. Yo lo practico al iniciar mi día, después del almuerzo y antes de irme a dormir. Lo hago en minutos porque no me es posible quedarme largas horas.

Mirada: Pregúntate dónde está Jesús aquí y ahora,en tu presente. Esa pregunta cambia la forma de mirar lo que vives.

Gratitud: Agradecer lo cotidiano. La gratitud abre tu corazón y te conecta con Él y a su abundante generosidad.

¿Por cuál de estos deseas empezar?
Con cariño,
María Te